Varias veces pudieron habernos dicho “tengo dos noticias para darte: una buena y otra mala, ¿cuál querés que te cuente primero?”. Y se nos hace difícil poder elegir. Hoy quiero compartir con vos sólo noticias buenas. Y muy buenas. Jesús te ama; tanto que da la vida por vos. Tanto que te hace de su familia por el Bautismo. Tanto que quiere que vivas para siempre. Tanto…

Sin ánimo de competir ni emular a los científicos y profesionales que abordan estos temas, se me ocurrió reflexionar sobre nuestra actitud, y cómo esta define nuestro futuro a partir de las decisiones que tomamos a cada instante. Descubrí así el impacto negativo que resulta de la poca atención a la hora de decidir.

Hoy, todos, como cada vez que hay datos sobre la pobreza, nos rasgamos las vestiduras horrorizados, pero, lo cierto, es que llevamos una vida de pobres. Más allá de los porcentajes publicitados, la sensación es que somos tan pobres como siempre, como lo éramos con Perón, con la Dictadura, con Alfonsín, con Menem y con los Kirchner.

Realmente no se si fue justo, ecuánime, equitativo, imparcial o razonable. Seguro que alguna manchita le van a encontrar. Solo puedo afirmar que fue lo más justo que he visto en mucho tiempo. Lo sé porque conocía a muchos. Los conocía de esta vida, de recorrer, de estar.

En estos tiempos en que tanto tilingaje habla de inclusión, derechos humanos e igualdad de oportunidades, su indiferencia hacia los datos ciertos de la realidad argentina resulta, por lo menos, hipócrita. Los índices de pobreza y demografía, más el grave impacto de éstos en la infancia, la deficiente educación, y un modelo socioeconómico obsoleto, auguran, de no mediar algún cambio, un apocalíptico porvenir.

“Usted no me conoce, doctor. Pero soy de las tantas jovencitas que allá por 1914 se salvó de las garras del hampa. Me trajeron adolescente de Varsovia, engañada, creyendo que me ponía a servir en casa de familia honesta, que me daría educación. Y caí… no se imagina, doctor, lo que pasé, me golpearon, me encerraron, me hicieron prostituta…estaba vencida, entregada, no conocía a nadie a quien acudir, (…) pero se levantó su voz y los explotadores se acobardaron, tenían miedo de usted, de esa ley que había conseguido, la Ley Palacios como después la llamaría el pueblo (…) Usted doctor, salvó a una joven inocente….Cuántas como yo se han salvado. A usted le debo todo, gracias, muchas gracias”.

Hay momentos en los cuales nos enfrentamos a decisiones que son como una ruta que se abre en dos caminos posibles. Unos pueden ser sencillos y sin consecuencias graves: ¿Hará frío o calor? ¿Compro una remera azul o roja? Otros tienen efectos más permanentes: ¿Estudio abogacía o economía? ¿Pintamos la casa o nos vamos de viaje?

En los últimos tiempos, la gente ha establecido una marcada preferencia por lo inmediato, lo fácil y lo cómodo, y, en ese afán, ha ido moldeando un nuevo modelo de sociedad, donde el consumo ocupa un papel central. El problema surge cuando los consumidores, en su apuro y comodidad, consumen, con la misma liviandad, panchos y conceptos. Algo que Platón ya advirtió 23 siglos atrás.

En el ajetreo diario, todos repetimos cosas sin medir su posible impacto, pero un medio de información, que goza de la confianza de su comunidad de seguidores, debe tomar una serie de recaudos antes de proceder a hacer público un hecho o situación.

Así se titula el mensaje que los obispos de Bolivia dieron a conocer esta semana. Allí expresan su dolor e impotencia, sentimientos compartidos por mucha gente en todo el mundo: “Nuestra Casa Común está herida de muerte pues cerca de un millón de hectáreas de nuestro bosque amazónico se consume bajo las llamas del fuego.

La manifestación en favor del cambio, realizada en todo el país el pasado sábado, a pesar de no ser masiva, disparó respuestas de diferente tenor desde el lado opositor, no solo por el volumen convocado, sino, también, por la calidad de la presencia. Esto me llevó a revisar esa asistencia.

El bicho humano, por su naturaleza, se diferencia de los demás bichos por su capacidad intelectual y emocional, a la vez que se distingue entre sus semejantes por lo que sabe y por el esfuerzo que pone en aprovechar ese saber para su desarrollo individual, aspectos que le permiten adoptar un rol funcional a su comunidad. Pero, los nuevos tiempos, le impusieron un gran desafío.

El niño confía en los adultos que reconoce como de su familia. ¿Podríamos decir que esto sucede inevitablemente, que no tiene otra alternativa? Tal vez. Pero más bien me animo a pensar que es una confianza que le agrada y estimula. Alguien cuida de él.

El cambio adoptado en 2015 significaba mudar de un modelo cultural a otro, pero, como se trataba de toda una sociedad, los responsables de ese tránsito debían haber estado a la altura del desafío, pero, lamentablemente, su ignorancia política, y su improvisación, condimentada con mucha soberbia, están condenando el proyecto al fracaso.

Después de ver que la gente de Puerto Ruiz votó en contra de Macri, y los de Galarza a favor, que madres bonaerenses le dan la espalda a Vidal y que nadie reconoce innegables pruebas de progreso, reconozco que, de ésto, no sé nada. Pero, a partir de esta confesión, sí pude empezar a reconocer lo ocurrido y a intentar explicarlo.

El fin de la dispersión del peronismo explica la derrota del macrismo, que hizo una elección decorosa a pesar de la crisis y retuvo los votos de 2015. Fin de la discusión: la candidatura de Alberto Fernández fue una jugada brillante. Jaque mate. Ninguna encuesta pronosticaba un triunfo tan amplio del frente Todos en las PASO, pero el resultado no es sorprendente.

Si bien todos los cañones apuntan a la polarización, demonizando al opositor, creo que el electorado merece saber porqué le conviene votar por el cambio que propone Macri y no en contra de Cristina, a la vez que pienso que deben saberse los argumentos políticos que distinguen, o diferencian, la propuesta oficialista de cualquier otra del presente y del pasado, y justifican el alto sacrificio de la sociedad.

A partir de las imágenes de paisanos a caballo repeliendo la invasión de su territorio por parte de seudo pacifistas veganos, me permití reflexionar sobre el hecho, sus circunstancias, sus implicancias, y sus connotaciones culturales. Conclusión: la soberanía se sigue defendiendo a caballo.

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